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The latest news covering the GFPPP 2016

Video: Foro Mundial de Productores de Plantas Prohibidas

Los productores y las productoras de plantas prohibidas enfrentan conflictos con las autoridades y con el propio mercado de drogas. Comunidades enteras se ven estigmatizadas, criminalizadas y encarceladas. Las políticas internacionales en materia de drogas podrían dar un giro a esta situación si tuvieran en cuenta sus demandas. Este vídeo recoge momentos y testimonios del Foro Mundial en que pequeños productores y productoras de todo el mundo compartieron sus experiencias y conocimientos, y que culminó con la Declaración de Heemskerk.

Growers Forum in Highlife

Highlife

“Door de criminalisering van cannabis zitten alleen al in mijn land 35 duizend mensen in de gevangenis vanwege het verbouwen, roken of verkopen van wiet. Dat zijn er 35 duizend teveel. En het gaat niet om kleine straffen, het begint bij vier jaar cel.” Aldus een van de Indonesische participanten van het Growers Forum in Heemskerk.

Lees het artikel dat Erik Ouwerkerk voor Highlife schreef hier terug:

Growers Forum in Highlife

Het hele magazine kan hier worden  gelezen.

Hartos de ser víctimas de la guerra contra las drogas

Escrito por Bram Ebus  (febrero 6 de 2016 – El Turbión)

Plantación de coca - Foto: Bram Ebus.

Plantación de coca – Foto: Bram Ebus.

Durante la tercera semana de enero, 23 kg de galletas, ron, aromáticas y otros productos fueron incautados por la aduana en el aeropuerto de Schiphol en Holanda. La razón: se utilizó hoja de coca en todos estos productos. La carga fue llevada por un grupo de colombianos que habían llegado a los Países Bajos para participar en el segundo Foro Mundial de Productores de Plantas Prohibidas (Fmppp). Junto a los colombianos llegaron agricultores de 14 países para discutir los problemas que están enfrentando a consecuencia de la brutal guerra contra las drogas.

Entre los agricultores había productores de coca de los países andinos, cultivadores de amapola de Myanmar y agricultores de cannabis del Caribe. Todos se reunieron en Heemskerk, un poblado en el norte de Holanda. Su mensaje luego del foro es claro: la ilegalidad de la coca, la cannabis y la amapola debe ser eliminada de las convenciones de la ONU. Estas plantas se confunden erróneamente con los drogas que se fabrican a partir de ellas y, por ello, los participantes sostienen que ninguna planta debe ser criminalizada. La incautación del ron y las galletas, por ser derivados de la hoja de coca, es un hecho irónico y más aún en el marco del foro.

El mayor problema que enfrentan los productores de estas plantas es la dura guerra global contra las drogas, ya que ésta incluye la lucha contra los cultivos de uso ilícito, lo que está causando altos niveles de pobreza y conflicto, situaciones que impactan específicamente a los campesinos.

Por ello, los cultivadores y los organizadores del foro, el Transnational Institute (TNI) con sede en Amsterdam, no sólo buscaban discutir sobre estas problemáticas sino también que las conclusiones del mismo se presenten en abril de este año en la sesión especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que será sin duda la principal cumbre sobre política internacional de drogas.

El estereotipo que identifica el problema como un asunto de bandas violentas y narcotraficantes asesinos no se ajusta a los agricultores de plantas de uso ilícito. Sin embargo, estas personas son a menudo vistas como la causa del problema de las drogas, pero se debe entender que son las víctimas, pues, en general, simplemente no pueden mantener a sus familias con cultivos de pan coger y en no pocas ocasiones reciben presiones de grupos armados para sembrar estos productos.

Por ejemplo, en Colombia y en Myanmar los campesinos carecen de la ayuda del Estado y de buenos servicios públicos. Además, no es rentable para ellos llevar otro tipo de cosechas a los a los mercados porque, simplemente, resulta costando más el transporte que lo que dan sus cosechas, por lo que al final pierden todo su dinero cuando apuestan por los cultivos legales.

Calixto Bustos, cultivador de coca colombiano - Foto: Bram Ebus.

Calixto Bustos, cultivador de coca colombiano – Foto: Bram Ebus.

Calixto Bustos, cultivador de la hoja de coca colombiano, dice que en su región vende 22 kg de plátanos por apenas un euro (COP 3.700), lo mismo que cuesta un pequeño queso que vio en una tienda en los Países Bajos. Señala que, con la falta de infraestructura adecuada y los bajos precios de los productos agrícolas, muchos campesinos no logran mantenerse a sí mismos. “¿Qué es lo que hace el agricultor? Él cultiva la hoja de coca. No es para hacerse rico sino para sobrevivir.

Estamos en el peldaño más bajo de la escalera de la producción de cocaína”, asegura Calixto. De los cincuenta euros (COP 185.000) que pagan los consumidores por un gramo de cocaína en los Países Bajos, al final de la cadena casi nada le llega al agricultor. “Personalmente, no tengo miedo decir que cultivo la hoja de coca […] no tengo miedo de decir que el gobierno, con su política agraria y su indiferencia hacia el campesinado, me ha obligado al cultivo de la coca”, recalca.

El cultivo de estas plantas como forma de subsistencia no está exento de riesgos. En las últimas décadas han sido fumigadas extensas áreas con herbicidas cancerígenos por la Policía colombiana. Estos venenos han causado daños irreparables a la naturaleza, los cultivos de pan coger, la ganadería y la salud pública. Los cocaleros colombianos son tratados como delincuentes y se encuentran en el núcleo del conflicto interno. “El plan de ataque del gobierno de Colombia y los EE.UU. contra la planta de coca no tiene en cuenta lo que podría pasar a los agricultores”, añade Calixto.

Fidel Próspero Ayala, cocalero peruano - Foto: Bram Ebus.

Fidel Próspero Ayala, cocalero peruano – Foto: Bram Ebus.

“Con la actual política de drogas han tratado de destruirnos”, dice por su parte el peruano Fidel Próspero Ayala. La guerra contra las drogas en Perú ha condicionado su vida: Fidel nació en uno de las valles más conflictivos en la región andina: el Valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (VRAE), hogar de más de 50.000 productores de coca a quienes él representa, como presidente de la Federación de Productores Agrícolas del valle del río Apurímac y Ene (Fepavrae).

Fidel creció durante el auge del movimiento guerrillero maoísta Sendero Luminoso, que mató a su madre y a su abuela. El propio Fidel, a los 15 años, se vinculó por un tiempo al grupo paramilitar Rondas Campesinas y no sólo para combatir a Sendero sino también a un Ejército del Perú que apenas distingue entre criminales y agricultores.

Fidel no tiene otra manera de sobrevivir sino mediante el cultivo de la coca:

“Queremos que el gobierno nos reconozca como agricultores cocaleros, como productores cocaleros, no como narcotraficantes, no como narcoterroristas. El gobierno peruano siempre nos margina a todos los productores cocaleros. No somos narcosenderistas y no somos narcotraficantes. El gobierno siempre nos ha marginalizado y mal etiquetado. Somos agricultores y campesinos cocaleros que realmente cultivan la coca para alimentar a sus familias.”

Además de que los agricultores sean las principales víctimas de la política de guerra contra las drogas, se puede cuestionar su efectividad porque tiene un impacto enorme sobre sectores sociales de gran vulnerabilidad, como estos agricultores, mientras que la demanda de sustancias psicoactivas no ha disminuido durante las últimas décadas.

De otra parte, muchos cultivos ilícitos también son usados con fines inocentes. Por ejemplo, la delegación de Myanmar compartió en el foro que el opio es una excelente medicina contra la diarrea, la gripe y la tos, siendo también es un buen analgésico. Las tradiciones y la cultura son factores importantes para el consumo, por ejemplo, de la hoja de coca, que se encuentra a la misma distancia de la cocaína como se encuentra una botella de champú o unas baterías del cristal de metadona.

Abdellatif Adebibe, cultivador de marihuana de Marruecos - Foto: Bram Ebus.

Abdellatif Adebibe, cultivador de marihuana de Marruecos – Foto: Bram Ebus.

De la misma forma, en Marruecos no se valora la marihuana y uno de sus derivados: el quife. Abdellatif Adebibe recuerda con entusiasmo que la primera Biblia y la primera Constitución estadounidense se imprimieron sobre papel hecho de cannabis. También explica que el cáñamo es útil como textil y habla de la gran cantidad de usos medicinales de la marihuana. Sin embargo, el gobierno marroquí prohibió desde 1957 todo lo que tenga que ver con el quife.

Hay muchos agricultores dispuestos a cambiar sus cultivos de uso ilícito por otros legales, pero sienten que no son apoyados por sus propios gobiernos. Por el contrario, a menudo sienten que están recibiendo los golpes más duros del látigo y nunca reciben ningún tipo de ayuda. Según todos los participantes del foro, es absolutamente claro que se deben crear alternativas para ellos, pero lo que pasa con frecuencia con la erradicación es que se ven obligados a plantar el doble para que en su próxima cosecha puedan evitar la pérdida de ingresos.

Min Thein, de Myanmar, dice que cultivó amapola durante tres años, hasta que la Policía destruyó sus cultivos e hizo la tierra inutilizable. “Nosotros, como agricultores, plantamos todo lo que nos mantiene con vida. Por lo tanto, también cultivamos amapola. Si el gobierno quiere darnos apoyo en la sustitución de los cultivos de amapola a cultivos legales sería muy bueno”.

Hoy, la mayoría de los agricultores han regresado a sus casas y a sus tierras, donde continuarán su lucha por ser reconocidos y por mejorar su situación. Las esperanzas están puestas la sesión especial de Naciones Unidas, donde, por primera vez, se esperan cambios significativos en la política internacional de guerra contra las drogas. La ONU tiene que asumir su responsabilidad y alentar a los gobiernos a cambiar su estrategia.

Habrá que escuchar mejor a los agricultores, personas que se ven afectadas por la ilegalidad de sus cultivos y que siempre están vetadas de los debates internacionales. Los cultivos alternativos, el mejor acceso a semillas, la descriminalización de los agricultores y la oferta de recursos para que puedan tener un mayor acceso a los mercados legales podrían marcar la diferencia.

__________

* Publicado originalmente por Vice Holanda.

The Heemskerk Declaration

Heemskerk, 21 January 2016


Today in a meeting in The Netherlands, small scale farmers of cannabis, coca and opium from 14 countries* discussed their contribution to the United Nations General Assembly Special Session (UNGASS), to be held in New York from 19 to 21 April 2016. The UNGASS will discuss all aspects of global drug control policies, including the worldwide ban on the cultivation of coca, poppy and cannabis, an issue the Global Farmers Forum demands that their voices be heard and taken into account.

The Heemskerk Declaration – English (pdf)

Declaración de Heemskerk – Espanól (pdf)

Photo credit: Floris Leeuwenberg
One of the four working groups discussing drug policy issues in Heemskerk (Photo credit: Floris Leeuwenberg)

 Considering:

  1. To date representatives of small farmers of prohibited plants and affected communities have not been adequately taken into account in international debates on drug policy.
  1. Inherent contradictions and inconsistencies exist in the application of international drug control, including Alternative Development programs and human rights treaties, which take precedence over the drug control treaties. UN agencies and UN member states are all bound by their obligations under the Charter of the United Nations to promote “universal respect for, and observance of, human rights and fundamental freedoms.”
  1. A previous Farmers Forum provided input to the UN evaluation of the missed target of reaching a drug-free world by 2009. The UN Political Declaration adopted at the time established 2019 as a new target date to “eliminate or reduce significantly and measurably” the illicit cultivation of opium poppy, coca bush and cannabis.
  1. Taking into account the problems faced by the communities where these plants are cultivated the Farmers Forum discussed the following issues
  • Crop control policies and forced eradication;
  • Traditional, medicinal and modern uses of controlled plants;
  • Sustainable rural development;
  • Drugs and conflict

 

CONCLUSIONS

  1. Forced eradication – chemical, biological, manual or any other form – of crops produced by small farmers is contrary to human rights, causes diverse forms of conflict, expands countries’ agricultural frontier, leads to environmental degradation, causes food insecurity and destroys rural economic survival strategies. It aggravates social problems – as well as problems related to health and internal security — increases poverty, leads to displacement of affected populations, delegitimizes state institutions, militarizes local communities and is a form of undemocratic intervention, forcing those impacted to seek survival strategies in other informal or illicit economic activities and in some cases pushes people to take more radical positions. Finally, forced eradication is counterproductive with regards to sustainable development.
  1. The inclusion of the three plants in the international treaties impedes the recognition of both traditional, and modern uses** and the ability to obtain them legally. Not all people have access to medicinal uses and the market is controlled by the pharmaceutical industry. In some countries, laws recognize traditional and medicinal uses. Nutritional uses and other forms of industrialization of these plants have not been widely promoted, despite the fact that there are many examples of community and institutional initiatives that demonstrates the benefits of such use. Recreational use of these plants is completely prohibited even as an increasing number of countries seek to regulate these markets. Producers and users and their organizations, communities and leaders continue to be stigmatized, criminalized and incarcerated.
  1. Rural development strategies must promote small-scale agriculture. Most participants in the Farmers Forum have not been beneficiaries of Alternative Development or other forms of assistance. Those who have had experiences with Alternative Development programmes affirm that these have largely failed to improve the livelihood of affected communities. The main problems have been the lack of community involvement in the design, planning and execution of the interventions; short-term time-frames; inadequate technical assistance; foments corruption and funding does not reach the intended beneficiaries; failure to take into account a gender perspective; the use of alternative crops negatively impact the environment and do not promote food sovereignty but focuses on mono-cropping, fostering land grabbing for big companies, and a lack of sustained access to land, markets and technologies. The conditioning of development assistance on prior eradication leaves people without sources of income, pushing people back into illicit crop cultivation. Present Alternative Development programs do not envisage the cultivation for licit purposes.
  1. The prohibition of coca, cannabis and opium poppy generates conflicts, as the people that grow them are criminalized, their human and cultural rights are violated, they are discriminated against and legally prosecuted. The different levels of conflict that exist have their origins in both drug control policies and the drugs market itself. Conflicts and violence are caused by the interventions of state authorities (police and armed forces), through eradication acts or other interventions; the presence of armed groups and internal wars; ethnical divisions and territorial and border disputes; access to and control of land; access to water and other natural resources/common goods; corruption; migration and displacement; the overload of the judicial system; the illegal trade in arms and precursors and illicit logging; unemployment, amongst others.

 

RECOMMENDATIONS

  1. We reject prohibition and the war on drugs.
  1. We demand the removal of coca, cannabis and opium poppy from the lists and articles in the 1961 UN Single Convention and the 1988 Convention. No plant should be a controlled drug under the UN Conventions or national legislation. We claim the right to cultivation for traditional and modern uses of these plants.
  1. We call for the elimination of all forms of non-voluntary eradication.
  1. We demand that all affected communities should be involved in all stages of drug policies and development, from the design to its implementation, monitoring and evaluation.
  1. In case crop reduction is desirable and feasible it needs to be gradual and reached in dialogue and agreement with the affected communities, based on mutual respect and confidence.
  1. The conditioning of development assistance on prior eradication is unacceptable. The proper sequencing of development interventions is fundamental to its success.
  1. Integrated sustainable development should be the main intervention for crop producing communities. Such development should promote and protect the livelihoods of small scale farmers and rural workers, and should guarantee access to and control over land and common goods.
  1. The state and its institutions will need to assume responsibility to address the needs of the communities involved in cultivation of coca, cannabis and opium poppy.
  1. We demand that the farmers and their families involved in the cultivation of coca, cannabis and opium should not be prosecuted by criminal law, or discriminated against.
  1. Coca, cannabis and opium poppy and their use should not be criminalized.
  1. The expansion of licit markets of coca, cannabis and opium poppy should become part of development strategies.
  1. We support the peace process in Colombia and Burma, which should be inclusive.

 

*Albania, Bolivia, Colombia, Spain, Guatemala, Indonesia, Jamaica, Morocco, Mexico, Myanmar, Paraguay, Peru, St. Vincent and the Grenadines and South Africa.

**Traditional use understood as ceremonial, religious, traditional medicinal. Modern is recreational, alimentary, and self-medication.