Hacia el II Foro Mundial de Productores de Plantas Prohibidas

Texto: Pien Metaal (7th December 2015 por Cáñamo)

Una de las poblaciones en el mundo más afectadas por las irracionales políticas de drogas hoy en curso es la comunidad de cultivadores de las plantas de cannabis, coca y amapola, consideradas de uso ilícito. Esta población es también la menos visible y escuchada, tanto dentro del mundo agrícola como en la esfera de los reformistas de las políticas sobre drogas. 

Photo credit: Transnational Institute

La prohibición y la limitación del cultivo de estas plantas para usos científicos y médicos, establecidas por los tratados internacionales de drogas desde 1961, coinciden con una época en que la demanda para sus usos, tradicionales y modernos, estaba en aumento. Los resultados de esta prohibición se han hecho sentir en las regiones rurales en muchas formas negativas, y sus principales víctimas han sido las familias campesinas, que sustentan sus precarias economías con esos cultivos.

La principal intervención estatal en las zonas de producción, que en su mayoría son las zonas rurales más subdesarrolladas y que sufren un mayor abandono del estado, es la erradicación a la fuerza. Estas operaciones son ejecutadas en su mayoría por tropas militares o policiales armadas, con un despliegue de fuerza tan desproporcionado que raya en el absurdo, sabiendo que los adversarios no son más que plantas y campesinos pobres. Cuando las comunidades ofrecen resistencia a este tipo de violencia, la respuesta estatal es más violencia con un saldo de muertos, heridos, detenciones y desplazamiento de la población. La otra conocida receta que se aplica a los cultivos es la erradicación aérea a través de aspersiones químicas, con consecuencias igualmente nefastas para las comunidades.

Hasta la fecha, estas estrategias no han tenido ningún o muy poco impacto en la disponibilidad en el mercado mundial de las drogas producidas a partir de estas plantas. Los proyectos del mal llamado “desarrollo alternativo”, diseñados más para neutralizar los efectos de las erradicaciones que para ayudar a los productores –pues hasta ahora no han logrado generar un verdadero desarrollo sostenible rural–, en la mayoría de los casos ni siquiera han conseguido prevenir la resiembra. Hablando con un representante gubernamental de Tanzania durante el debate temático de la Comisión de Estupefacientes en marzo del 2015, me dijo: “Todos los años es la misma historia, volvemos a las comunidades para erradicar sus plantas de cannabis y los dejamos sin ingresos, sabiendo que el próximo año volverá a suceder lo mismo”.

Con el fin de que los puntos de vista de los productores agrícolas formen parte también del debate mundial –particularmente ahora, dada la proximidad de la celebración de la sesión especial sobre drogas de la Asamblea General de Naciones Unidas, UNGASS 2016–, el TNI organizará un Foro Mundial de Productores de Plantas Prohibidas a principios del 2016. Con el antecedente del I Foro Mundial de Productores de Plantas Declaradas Ilícitas (FMPDI), celebrado en Barcelona en enero del 2009, otra vez se reunirán alrededor de setenta representantes de campesinos de todo el mundo. La reunión será de tres días, durante los cuales trataremos de llegar a un pronunciamiento respecto de la situación que se vive en las regiones productivas y sus habitantes, para presentarlo en la UNGASS.

Para tal fin, se ha conformado un comité de impulso, compuesto por miembros de Asia, América Latina, el Caribe y África, el cual se reunirá por vez primera en la Conferencia Internacional sobre Desarrollo Alternativo, que tendrá lugar en Bangkok (Tailandia), en noviembre del 2015. Durante esta conferencia, que tiene un carácter gubernamental, organizaremos un evento paralelo para discutir y encontrar modos de influenciar las posiciones tomadas por los gobiernos en esta temática.

En el Grupo de Trabajo de la Sociedad Civil (Civil Society Task Force, CSTF), creado por los comités de ong de Viena y Nueva York, el TNI asumió la representación de la población campesina involucrada en el cultivo de uso ilícito, con miras a la cumbre de Naciones Unidas en Nueva York, en abril del 2016. A pesar de las limitaciones obvias de una iniciativa como esta –el CSTF tiene miembros de distintas convicciones y, como consecuencia, sus recomendaciones tendrían que tener el visto bueno de todos sus integrantes–, merece la pena usar cada espacio disponible para argumentar la necesidad urgente de cambiar las políticas nocivas actuales desde la perspectiva campesina de los productores de plantas prohibidas.